Al igual que cuidamos nuestro cuerpo para mantenerlo activo, también podemos incorporar hábitos que ayuden a mantener nuestro cerebro estimulado. Descansar correctamente, hacer ejercicio, cuidar la alimentación, reducir el estrés, leer o aprender cosas nuevas son algunas de las prácticas que pueden formar parte de ese entrenamiento mental. El entrenamiento de la memoria puede entenderse como un proceso que combina diferentes áreas. No se trata únicamente de hacer ejercicios de memoria, sino de cuidar el conjunto de factores que influyen en nuestro bienestar físico y mental. Una buena forma de entenderlo es a través de la pirámide del entrenamiento mental.
La pirámide del entrenamiento mental
Nivel 1: cuidar la máquina, entrenar el cuerpo
El cerebro forma parte de nuestro organismo y, por tanto, nuestros hábitos físicos también influyen en nuestro bienestar cognitivo. Hay cuatro aspectos especialmente importantes.
Dormir bien
Durante el sueño, nuestro organismo realiza diferentes procesos de recuperación y nuestro cerebro continúa trabajando con la información acumulada durante el día. Por eso, mantener unos horarios de descanso adecuados y procurar dormir entre 7 y 8 horas puede ser una parte importante de una rutina orientada al bienestar mental.
Mantenerse físicamente activo
Caminar, nadar, bailar o realizar cualquier actividad física adaptada a nuestras posibilidades ayuda a mantener un estilo de vida saludable. El ejercicio también favorece la circulación sanguínea y contribuye al bienestar general, factores importantes para mantener una buena salud cerebral. No es necesario convertir el ejercicio en una competición. Incorporar movimiento a nuestro día a día ya supone un paso en la dirección adecuada.
Cuidar la alimentación
Una alimentación variada y equilibrada es otro de los pilares de la salud general. Incorporar alimentos nutritivos y mantener unos buenos hábitos alimentarios contribuye al funcionamiento adecuado de nuestro organismo, incluido el cerebro.
Cuidar nuestra salud general
La salud física y la salud cognitiva están relacionadas. Por eso es importante realizar los controles médicos correspondientes y mantener bajo control aquellas enfermedades crónicas que puedan afectar a nuestra salud general, como el colesterol alto o la hipertensión.
Nivel 2: orden y calma mental
No todo el entrenamiento de la memoria consiste en hacer actividades intelectuales. Nuestro estado emocional también importa. El estrés mantenido puede afectar a nuestra capacidad de concentración y atención. De hecho, es habitual que durante épocas especialmente estresantes nos sintamos más despistados, nos cueste concentrarnos o tengamos dificultades para recordar determinadas cosas. Aprender a reducir el estrés y crear espacios de calma también forma parte del cuidado de nuestra mente. Algunos consejos para cuidar la calma mental son:
Llevar un diario o una bitácora
Anotar las tareas que tenemos que realizar durante el día puede ayudarnos a organizarnos y evitar olvidos. Pero un diario puede ser mucho más que una lista de cosas pendientes. Escribir cómo nos sentimos, qué nos ha ocurrido durante el día o qué situaciones nos han afectado también puede ayudarnos a prestar atención a nuestras propias emociones. Convertirlo en un hábito permite, además, dedicar unos minutos al día a reflexionar sobre lo que hemos vivido.
Mantener una vida social activa
Relacionarnos con otras personas también es una forma de mantenernos activos. Hablar con amigos, convivir, participar en actividades y compartir nuestras experiencias nos ayuda a mantener una vida social estimulante. Además, contar con personas con las que podamos hablar sobre nuestras preocupaciones puede ayudarnos a gestionar mejor las situaciones difíciles. La conexión social es, por tanto, otra pieza importante dentro de una vida equilibrada.
Reservar unos minutos para la calma
La meditación o los ejercicios de respiración pueden convertirse en herramientas sencillas para crear un momento de pausa. No hace falta dedicar grandes cantidades de tiempo. Podemos empezar, por ejemplo, reservando 10 minutos al día para sentarnos tranquilamente, prestar atención a nuestra respiración y observar cómo nos encontramos. También puede ser útil simplemente desconectar durante unos minutos: salir a caminar, contemplar el cielo, observar la naturaleza o buscar un espacio tranquilo en un momento de estrés.
Nivel 3: entrenamiento activo de la mente
Una vez que hemos cuidado las bases físicas y emocionales, podemos pasar a un tercer nivel: estimular activamente nuestro cerebro. Y aquí aparecen algunas actividades tan sencillas como leer, aprender algo nuevo o tocar un instrumento.
Leer: el gimnasio mental
Leer todos los días es una de las formas más sencillas de mantener la mente activa. No hace falta leer durante horas. Dedicar 10 minutos al día a un libro puede ser suficiente para convertir la lectura en una rutina. Además de trabajar la comprensión y la atención, la lectura nos invita a imaginar escenarios, personajes e ideas, estimulando nuestra capacidad creativa. Lo importante es convertirlo en un hábito.
Aprender algo nuevo cada día
Podemos plantearnos un pequeño reto diario: aprender un dato curioso, descubrir una palabra nueva, preparar una receta diferente, conocer algo sobre un tema que nos interese o simplemente intentar hacer algo que nunca hayamos hecho. No tiene que ser complicado, la cuestión es mantener la curiosidad y ofrecer a nuestra mente nuevos estímulos.
La música también puede formar parte del entrenamiento
Escuchar música es una actividad estimulante, pero aprender a tocar un instrumento supone además combinar diferentes capacidades. Seguir un ritmo, coordinar movimientos, prestar atención a una partitura y recordar secuencias requiere concentración y coordinación. Por eso, aprender a tocar un instrumento puede convertirse en una actividad especialmente enriquecedora para mantener la mente activa.
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