Existen estrategias sencillas que pueden ayudarnos a mejorar nuestra memoria y estudiar mejor. Desde crear imágenes mentales hasta relacionar conceptos nuevos con experiencias que ya conocemos, podemos entrenar nuestra memoria utilizando recursos sencillos. En este artículo te explicamos tres técnicas de memorización que puedes aplicar tanto al estudiar como en tu día a día.
1. Mnemotecnia: convierte la información en imágenes
La mnemotecnia consiste en utilizar recursos mentales que nos ayuden a recordar información con mayor facilidad. Para ello, podemos recurrir a imágenes, dibujos, palabras, colores, canciones o pequeñas historias que relacionen los datos que queremos memorizar. La clave está en transformar una información que puede resultar difícil de retener en algo más visual, llamativo o familiar.
Por ejemplo, si te cuesta recordar el nombre de una persona, puedes intentar asociarlo con un color, una imagen o una característica que te ayude a identificarla. Si necesitas memorizar una lista de conceptos para un examen, puedes representarlos mediante dibujos o imaginar una escena en la que aparezcan todos. Cuanto más personal y significativa sea la asociación, más fácil puede resultar recordarla después.
¿Cómo puedes ponerla en práctica?
Crea imágenes mentales exageradas o divertidas relacionadas con lo que quieres recordar.
Utiliza dibujos sencillos para representar conceptos complejos.
Inventa una canción, una rima o una frase que reúna varios datos.
Asocia nombres y conceptos con colores, formas u objetos conocidos.
No necesitas tener habilidades artísticas ni una imaginación extraordinaria. Lo importante es encontrar una referencia que tenga sentido para ti.
2. Asociación: conecta lo nuevo con lo que ya sabes
Otra técnica muy útil consiste en relacionar la información nueva con algo que ya conocemos. Nuestro cerebro no aprende siempre desde cero: muchas veces comprendemos y recordamos mejor un dato cuando podemos conectarlo con conocimientos, experiencias o situaciones familiares.
Imagina, por ejemplo, que necesitas memorizar una fecha importante. En lugar de repetirla una y otra vez, puedes relacionarla con un acontecimiento personal que ya recuerdes. Lo mismo ocurre cuando intentas aprender un concepto nuevo: buscar un ejemplo cotidiano que lo explique puede ayudarte a comprenderlo y retenerlo. Esta técnica también puede utilizarse para recordar secuencias, nombres, definiciones o información que necesitas estudiar.
¿Cómo puedes ponerla en práctica?
Relaciona los conceptos nuevos con situaciones que hayas vivido.
Busca ejemplos de la vida real que expliquen lo que estás aprendiendo.
Agrupa la información en categorías que te resulten familiares.
Crea conexiones entre diferentes conceptos para comprender cómo se relacionan.
Por ejemplo, si estás estudiando un procedimiento profesional, puedes asociar cada paso con una situación práctica en la que tendrías que aplicarlo. Así no solo intentas recordar una lista, sino que comprendes para qué sirve cada elemento. Cuanto mejor entiendas la información y más conexiones significativas encuentres, más recursos tendrás para recuperarla cuando la necesites.
3. Recuperación: utiliza pistas para recordar lo que necesitas
A veces, el problema no es que hayamos olvidado por completo una información, sino que nos cuesta acceder a ella en el momento adecuado. En esos casos, determinadas pistas pueden ayudarnos a recordar lo que teníamos pendiente. Podemos utilizar un objeto, una nota, una ubicación o una acción concreta como recordatorio. Por ejemplo, si necesitas hacer una llamada al llegar a casa, puedes dejar un objeto en un lugar poco habitual para que, al verlo, te acuerdes de la tarea.
Este recurso aprovecha la relación entre una señal y la información que queremos recuperar. En lugar de confiar únicamente en nuestra memoria, creamos una pista en nuestro entorno que nos ayude a recordar. También puedes aplicar esta idea al estudio. Si estás repasando un tema, intenta recordar los conceptos sin mirar los apuntes y utiliza preguntas o palabras clave para comprobar qué información eres capaz de recuperar.
¿Cómo puedes ponerla en práctica?
Deja un objeto en un lugar visible para recordar una tarea pendiente.
Coloca una nota en un sitio relacionado con la actividad que debes realizar.
Utiliza palabras clave para recordar los puntos principales de un tema.
Hazte preguntas sobre lo que has estudiado antes de volver a consultar los apuntes.
¿Qué técnica de memorización es mejor?
Distintas técnicas pueden ser más útiles para distintas personas. La mnemotecnia puede ser especialmente útil para recordar datos concretos; la asociación ayuda a conectar y comprender información nueva, y las pistas de recuperación pueden facilitar que recordemos tareas o accedamos a conocimientos que hemos aprendido.
Además, puedes combinar las tres estrategias. Por ejemplo, al preparar un examen, puedes relacionar un concepto con una experiencia conocida, representarlo mediante una imagen mental y después intentar explicarlo sin consultar el material. Lo importante es experimentar, comprobar qué recursos te funcionan mejor y utilizarlos de forma constante.
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